Este ciclo abre la ruta permitiéndonos reconocer nuestra dimensión personal en función de los vínculos que nos sostienen, honrando la sabiduría de la naturaleza que nos rodea, y que se expresa en nosotros.
Su propósito es reconocer los principios que sostienen la vida, para desde allí despertar la conciencia vincular y aprender a mirar las relaciones —humanas y más-que-humanas— como sistemas vivos.
A través de este ciclo del lenguaje de la naturaleza, podremos comenzar a observar nuestros vínculos, ampliando la mirada más allá del antropocentrismo, dándole lugar a principios como interdependencia, la ciclicidad, diversidad, adaptación y equilibrio dinámico.











